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02/11/2009
CONSERVAR EL GLAMOUR EN TIEMPOS DE CRISIS
Estrategias de los diseñadores contra la crisis

Algunos diseñadores organizaron desfiles virtuales, otros reciclaron supermodelos de los 90




No debe haber mejor termómetro para el mundo de la moda que cada una de las ediciones de los Fashion Week (FW). Organizados religiosamente a principios y mediados de cada año en Nueva York, Milán, Londres, París, Barcelona, Madrid y San Pablo –las capitales de la moda por excelencia–, estos eventos señalan las tendencias, los cortes, el color y el humor que reinará arriba y abajo de las pasarelas de todo el mundo. Este año, las semanas de la moda fueron el espejo para mostrar cómo la debacle económica internacional se refleja en el sector fashion. Para quienes no lo hayan registrado, en febrero de este turbulento 2009 se anunció la quiebra de la icónica marca Gianfranco Ferré, propiedad de IT, un holding milanés que también tiene la licencia de Just Cavalli, Versace Sport y productos de Galliano.

El anuncio casi hace suspender el desfile de la colección otoño invierno 09/10, pero, a último momento, la CEO de la compañía confirmó personalmente su realización. La presentación de Just Cavalli, otra marca de IT –un conglomerado que emplea cerca de 1.800 personas y que actualmente tiene deudas por 300 millones de euros–, tuvo que ser reprogramada: la mitad de sus trajes no fue entregada por falta de capitales. Con diez desfiles menos (esto es: diez marcas top no se anotaron), alrededor de 26 firmas ausentes, asientos vacíos y falta de compradores, el FW de Milán expuso las dificultades que atraviesa hoy todo el fashion italiano, un sector que –desde el año pasado– viene exigiéndole al gobierno de Silvio Berlusconi políticas urgentes de salvataje.

A comienzos de la FW de París, un anuncio dejaba a todos perplejos: la maison Christian Lacroix, sinónimo de la alta costura desde los ’80, confirmaba su bancarrota. Lacroix, que es director creativo de esta marca que desde hace 22 años tiene serios problemas para pagar sus deudas (en 2008, tuvo pérdidas por 10 millones de euros y tuvo que despedir a 100 de sus 125 empleados), decidió no cancelar un desfile, que los pocos periodistas ahí acreditados coincidieron en calificar de agónico: sucede que los diseños que mostró este francés eran, según las versiones, sobrantes que habían estado guardados en un depósito. Este año, la semana de la moda parisina de haute couture fue de... tres días. Del otro lado del Atlántico, la NYFW también acusó recibo: los desfiles exhibieron menos diseños (suelen ser entre 30 y 40 por marca, pero esta vez hubo un promedio de 25) y hubo mucho menos invitados. Sin el clásico brindis con champagne, Donna Karan y Dianne von Fustenberg admitieron la crisis que se vive en Nueva York, un cuartel de 800 compañías que emplean 175 mil personas, cuyos sueldos sumados alcanzaban los 10 billones de dólares.

DESFILE SIN MODELOS. En tren de ajustarse frente a la crisis y ahorrar el costo que implica un desfile, muchas casas optaron por mostrar sus creaciones de manera virtual y con una sola modelo, una tendencia iniciada por Víktor & Rolf el año pasado. Otros, canjearon las pasarelas por breves presentaciones de prensa en sus ateliers, tal como hizo Azzaro a fines de 2008. Es que un desfile –que en general dura diez minutos– cuesta entre 28 mil y 45 mil euros. El cachet de las modelos top es variable, pero definitivamente elevado. De ahí que, para no invertir en caras desconocidas, muchas casas hayan decidido reciclar a las supermodelos de los ’90, como Tyra Banks, Claudia Schiffer, Cindy Crawford y Naomi Campbell. Aunque son caras, dan seguridad en un contexto de intecertidumbre. “Estos últimos fashion weeks han sido los más difíciles que hayamos vivido en mucho tiempo”, estimó John Mincarelli, profesor de marketing y gestión del Fashion Institute of Technology de Nueva York (FIT). Muchos analistas interpretan que el protagonismo de los colores oscuros –mucho negro, azul y gris– y los diseños austeros es el correlato directo de este escenario que, a simple vista, aparece lleno de nubarrones. “Desde los ’80, con la crisis del petróleo, el negro es protagonista de cada temporada. La lectura obligada es que ese color refleja el estado de ánimo de la vida de hoy: el luto”, opina el diseñador e historiador de la moda Claudio Martínez. Y así como el negro –y sus alternativas: marrón y violeta– seguirá entre nosotros, los especialistas en predecir tendencias, como el Worth Global Style Network (WGSN) auguran, además, el fin de la profusión de colecciones y mini-colecciones propias del fast-fashion. Muchos se animan a pronosticar que, gracias a la recesión, esta generación será testigo de la despedida definitiva de la alta costura, el laboratorio más glamoroso, excéntrico y despilfarrador del mundo de la moda.

EL GLAMOUR EN TIEMPO DE CRISIS. La moda es, detrás de la industria de la alimentación, uno de los sectores económicos más importantes a nivel mundial. Genera trabajo y divisas a gran escala, pero también tiene altos costos en cada una de las partes de la cadena. Sólo el sector del lujo –que representa entre el 3 y el 5 % de todo el mercado textil– movía unos nada despreciables 270 mil millones de dólares… hasta el año pasado. Porque desde entonces, el panorama de crecimiento incesante que se venía registrando en las últimas décadas tuvo un parate violento, en especial en el corazón del capitalismo: Estados Unidos.

Tras la caída del sistema inmobiliario y la eclosión del sistema bancario luego del affaire de Lehman Brothers, lo que seguiría era casi cantado. Así, con la rapidez que suceden las cosas en el mundo interconectado, devino la desacelaración del crecimiento. En el sensible mundo fashion, la crisis –que empezó tibia en 2008– se terminó de afianzar en éste. A mediados de 2009, un informe de la financiera Deutsche Bank anunciaba la reducción drástica de los beneficios del sector de lujo en Wall Street. Y, por ello, desaconsejó la compra de acciones. La lista de empresas fashion de primera línea que han sido afectadas es larga y, según los datos que se publican en la sección económica de los diarios más importantes del mundo, ni siquiera los ultra high net worth individuals (un término que se usa para definir a quienes tienen activos superiores al millón de dólares) han salvado al sector. Una tienda ícono de NY como Saks tuvo, en el segundo semestre de 2008, un déficit de 32 millones de dólares. La caída siguió este año, contagiando a Macys, otra top de lujo. La renombrada joyería Tiffany & Co registró una pérdida de ganancias del orden del 64%, con respecto al año 2008. La casa alemana Escada –con más de 450 boutiques en todo el mundo– está en serias dificultades financieras. Yves Saint Laurent optó por cambiar algunas de sus estrategias: la más sorprendente fue poner, por primera vez, el cartel de “SALE” en las vidrieras de sus locales de Madison Avenue, en Manhattan. Además, YSL decidió lanzar Edition 24, una colección de precios mucho más accesibles y líneas clásicas, para que se mantenga vigente por más de una temporada.

Givenchy no tardó en imitarlo con Redux, una línea más económica, con mucho blanco, vestidos vaporosos y pantalones negros. Debido a la caída del consumo, la firma italiana Bulgari tuvo, en el primer semestre de 2009, pérdidas de 11,2 millones de euros (el año pasado había ganado 31,4 millones). La belga Veronique Branquinho, reconocida por sus colores y sus diseños con estructuras complejas, decidió suspender sus actividades “hasta que aclare”. Louis Vuitton, por su parte, retrasó la apertura de varios locales en todo el mundo. Si bien Karl Lagerfeld se mostró sereno frente a la crisis, la casa Chanel recortó su personal de 16 mil personas en un 10%, argumentando medidas de prudencia en un contexto tan difícil, que más de un analista ha calificado como sin retorno. “Todo el sector de la moda saldrá adelante, alentando a la gente a no bajar los brazos –asegura Claudio Martínez–. Y lo bueno es que todos juntos han salido a hacerle frente. Además, no es la primera vez que la moda atraviesa una crisis profunda”. Una imagen emblemática que traduce el espíritu del ave fénix es aquella foto de Cecil Beaton, quien en 1941 retrató a una modelo, con un impecable diseño de Dibgy Morton, frente a las ruinas de una Londres bombardeada. La era de oro de la costura, encabezada por Christian Dior, vendría después.

LA EDAD DE LA MODESTIA. Por estos días, los franceses están haciendo lo imposible por salvar el lujo, una industria que por un siglo les dio a los galos el título indiscutido de capital del fashion y la sofisticación. Este sector, que en la actualidad emplea a 200.000 personas, ve hoy cómo el glam languidece y, al igual que los italianos, están pidiéndole al estado que intervenga. Alain Némarq, director de una prestigiosa marca de joyas, declaró recientemente: “Necesitamos volver a la razón, la decencia, la discreción, la belleza y la creatividad. En otras palabras, a los valores verdaderos”. Es que, según parece, el renacer que la moda tendrá tras la negrura de la depresión actual determinará un replanteo necesario, bajo otro paradigma. “Más allá de las realidades de cada una de las empresas, lo que dejó al descubierto esta crisis fue que, antes del colapso, hubo un momento de sobreexpansión. Lo que surja a partir de ahora deberá tener en cuenta que los escenarios son diferentes”, opina la diseñadora Turquesa Topper, docente y especialista en el análisis del discurso de modas.

Soledad Offenhenden, especialista en tendencias de consumo y directora de Visiones-seminario de tendencias, agrega: “Es una crisis financiera, surgida por la bulimia consumista de las dos décadas pasadas, pero repercutió en las manifestaciones culturales. Hoy, todo está cuestionado, incluso el impulso a consumir en exceso. Mientras tanto, surgen valores, que son los del planeta y el respeto por los recursos”. Según este análisis, en un futuro (que es hoy), las marcas –que pasarán por un obligado proceso de decantación–, tendrán que dar cuenta del advenimiento de un nuevo sujeto (ex consumidores), con una gran cultura del diseño por detrás: las firmas deberán producir para un individuo que ya no comprará por comprar, que sabe elegir, que presta atención al significado de responsabilidad social, y que tiene hoy otra visión sobre el lujo (ya lo dijo Karl Lagerfeld: “El bling-bling se terminó. La alfombra roja cubierta con brillantes ya fue. La nueva modestia es lo que viene”).

Al fin de cuentas, la propuesta de la dupla Dolce & Gabbana de reducir el número de colecciones, que implica un gran esfuerzo empresarial, entre otras complicaciones, no era tan descabellada. Las asociaciones creativas entre empresas para lanzar productos deberán ir de la mano de actitudes sustentables hacia el diseño y que respeten las identidades locales. “Frente al exceso de materiales y diseñadores, se abre un momento de depuración y filtro. Los diseños tendrán una tipología simple, pero se realizarán con materiales de calidad y bajo una confección compleja. El ejemplo claro son los monos, una prenda que se impone esta temporada. La idea es devolverle al sujeto un nuevo protagonismo. Así, se abaratarán los costos, pero se reivindicará el producto a través de la customización. Habrá elegancia sin sofisticación”, pronostica Patricia Doria, diseñadora de indumentaria de la UBA y docente de la Universidad de Palermo. “A partir de ahora, a las empresas se les exigirá no sólo que tengan un desarrollo sustentable y sean solidarias; sino que sean transparentes”, aporta Topper. Creatividad y la necesidad de plantear estrategias son, a corto plazo, urgentes. “Lo que vendrá no será de ninguna manera algo neutro. Tal vez, por oposición al negro que significa crisis, veremos una explosión de colores. Pero, se supone que cada firma explotará sus recursos al máximo. Por lo pronto, lo que se está haciendo de forma generalizada es tratar de generar formas atractivas que reactiven el consumo, tan retraído después del susto y la falta de perspectivas que generó la crisis”, dice Offenhenden. En este sentido, toda la industria de la moda tiene los ojos puestos en el 10 de septiembre próximo. Ese día y encolumnadas tras una movida que fue avalada por la alicaída Nueva York, la meca del shopping, se llevará a cabo el Fashion’s Night Out. La movida que intenta alentar a los consumidores a comprar: en los locales, la gente se encontrará con los diseñadores top recibiéndolos en sus locales, con celebrities, fashionistas y gente del mundo de la música sirviéndoles tragos y compartiendo el momento. Todos unidos, para volver a comprar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Autor: Dannyel Mugabe / Toshi Group Mexico del Sistema Grupo Mohammed Latino.

Editor: Ramiro Cuencas S. 






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