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LEÓN DORMIDO
El proceso de la moda en México


Desde la época de la Colonia, México ha tenido que soportar el peso almacenado dentro del espejismo del talento y la súplica de reconocimiento. La riq...

Desde la época de la Colonia, México ha tenido que soportar el peso almacenado dentro del espejismo del talento y la súplica de reconocimiento. La riqueza de su tierra queda a merced ajena y la grandeza de su gente se pierde entre la máscara del deseo y la austeridad de la creación. Aún no ha sido diseñada la bolsa que pueda sujetar semejante carga y, por supuesto, no hay diseñador que se atreva a sostenerla.
Con tan sólo diez años de experiencia en la realización de pasarelas de temporada, el resultado deviene en un espectáculo inmaduro, lleno de pretensión y ávido de sustancia. Los diseñadores son víctimas de la voracidad de las tendencias globales, ofreciendo su talento como carnada para atrapar los puntos favorecedores de las grandes colecciones de moda, en vez de explotar la originalidad de haber nacido en el corazón de un país cuyos fenómenos se presentan únicos y distintos.

Este año la Semana de la Moda en México se caracterizó por un ligero toque de sueños modernos con deseos de superación que, desafortunadamente, murieron en manos del desequilibrio económico, la falta de organización y el flujo constante de propuestas repetitivas. Las colecciones continúan rindiendo culto a modelos de poca personalidad y mucho ego que parecen salidas de las páginas de Playboy y no de Vogue, a satines y organzas carentes de cuerpo y corte y a inspiraciones fugaces que buscan engrandecerse bajo el estigma de los pueblos indígenas. La cultura mexicana no es sólo artesanía, la idiosincrasia de una sociedad no vive del tercermundismo y los paisajes de la naturaleza van más allá de paraísos tropicales. Por lo tanto, la tarea de armar el rompecabezas de atuendos que van a representar un país internacionalmente debe cimentar su plataforma en el diseño honesto y fértil de telas maravillosas, colores espontáneos y estilismo soberbio.

La elaboración de una temporalidad fashionista necesita del cariño y la devoción con la que se trata una obra maestra, no es únicamente indispensable el río absurdo de patrocinadores poseedores de una corta visión cuyo único y burdo objetivo es el de admirar su propio nombre bajo la luz cegadora de una falacia llamada pasarela. La moda en México necesita el enfoque valiente de quien escucha la voz de la imaginación y no la del niño que vive detrás de la falda de su madre realizando lo que le explicaron que estaba “en tendencia”. Desafortunadamente, el sector fashionista mexicano camina de la mano con la imagen de celebridades oportunistas y socialités forzadas, quienes obligan a los creadores a mantener una triste dependencia para lograr un poco de atención sobre su trabajo. Basta decir que Nicky Hilton “diseña” para atraer el hambre de los medios de comunicación y es que si no es así, ¿cómo? El talento existe pero tiene miedo de surgir, los ejemplos son contados pero traen esperanza. Sus nombres: Julia y Renata y Trista.
Dichos apelativos se caracterizan por guardar entre sus manos la furia contenida de la vanguardia y la realización de una silueta contemporánea que está inspirada en y por una mujer sin distinción racial cuyos atributos serán capturados individualmente a través de cada prenda. Mientras Julia y Renata sugieren un desprendimiento de la feminidad obvia, Trista (Josa y Giovanni) logra penetrar en la ironía de una pasión sutilmente tierna. Ambas marcas son merecedoras del reconocimiento externo, mas no así del éxito nacional, ya que otra historia sería si ellas fuesen el estandarte de la moda mexicana, ese que se levanta solo porque va más allá de una playera con estampados torpes o vestidos impresos con pinturas de Diego Rivera, ese que camina firme a través de prendas de gran calidad y trascendencia, verdaderos sinónimos de lo que es México. Sin embargo, el futuro es incierto y aunque se mira prometedor aún ronda el fantasma del letargo que amenaza inflexible con tomar entre sus brazos poderosos uno de los pocos rayos de luz que penetran el oscuro presente de la moda en México.
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Fuente: FashionWeek México

 












 
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